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miércoles, 24 de marzo de 2010

Y por fin llegó... Cáceres-Burgos

Esta es la versión oficial que he creado para la web del Cáceres (Aficiones hermanadas) y cómo tal está basada en hechos reales, pero tiene alteraciones cronológicas. Vamos, en resumidas cuentas, que he escrito lo que me ha dado la gana.
Siguiendo con el autobombo decir que Javier Ortiz nos ha hecho un hueco en el periódico Extremadura: Hermandad O-line
Y aquí va la historieta...
Este inolvidable fin de semana ha sido la demostración empírica de porque BA-LON-CES-TO y MAGIA son sinónimos en nuestros diccionarios.
La vigésimo novena jornada de la liga Adecco Oro que enfrentaba al Cáceres 2016 Basket contra Autocid Ford Burgos ha venido cargada de buenas noticias para los locales, aunque muy en particular para un pequeño grupo de aficionados. Tras muchas peregrinaciones verdinegras hasta la ciudad del Cid a lo largo de estas dos temporadas en las que ambos clubes han compartido liga, el puente de San José vivido tanto en Extremadura como Castilla y León, permitió que un nutrido grupo de Burgaleses se presentara en la capital cacereña acompañando a su equipo y dispuestos ha convivir con sus homólogos cacereños en total sintonía.
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Así, tras meses de espera, nervios y preparativos, alcanzábamos finalmente el esperado 19 de Marzo. La festividad del día obligaba a la mayoría de cacereños a cumplir con sus respectivos compromisos familiares y quehaceres diarios para poder estar en las horas y días restantes compartiendo vivencias. Y así fue, poco a poco fuimos recibiendo a nuestros amigos que llegaban de forma escalonada, algunos ya tuvieron tiempo el propio viernes para familiarizarse con la historia que rezuma esta ciudad por su casco histórico así como con su clima, que a pesar de que para nosotros era desapacible por la lluvia amenazante la suave temperatura que reinaba hacía las delicias de los foráneos, más acostumbrados a estar bajo cero.
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Entre los primeros saludos y explicaciones sobre nuestra ciudad, su cultura y nuestros productos típicos llegó la hora de poner rumbo al pabellón Multiusos Ciudad de Cáceres. Allí, distinguidos cada uno por nuestros colores, se terciaron más saludos y abrazos hasta que el minutero del marcador acechaba la hora de las presentaciones, momento en que cada cual partió hasta sus localidades deseándonos suerte y el tradicional “que gane el mejor”.
El partido comenzaba, sobre la pista sólo se veía al conjunto burgalés que anotaba a su antojo en el aro rival, tal situación hacía vibrar a la grada teñida de azul que animaba a rabiar a su equipo. El segundo cuarto deparó un cambio en la actitud de los jugadores locales y sus ganas de defender, que sumado a la inspiración ofensiva hizo devolver la fe en la victoria a la hinchada verdinegra; muy metida en el partido desde el primer momento. La reanudación del encuentro fue una prolongación a lo ya visto en el segundo periodo y poco a poco la superioridad de Cáceres se iba imponiendo aunque Autocid no tiraba la toalla, al final el resultado fue 78-68. El mal sabor de boca por la derrota de su equipo era mitigado por el reconocimiento de sus jugadores y de la afición local que, en un gesto de deportividad, aplaudían el consecuente esfuerzo de su desplazamiento.
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El resultado deportivo no empañó el carácter festivo de su visita a Cáceres y pocos minutos después de salir del pabellón, aficionados de ambos conjuntos, nos fuimos a compartir mesa y mantel por primera vez desde su llegada. Entre pinchos y raciones se intercambiaban las típicas conversaciones acerca del partido, del próximo final de ligar regular e incluso había cabida para temas ajenos al deporte de la canasta, todo ello acontecía en medio de un excepcional ambiente distendido que alargaba la cena hasta bien pasadas las doce noche. Parece que ésta dio energías suficientes a algunos de ellos para darse una vuelta por el ambiente nocturno de la ciudad mientras que otros prefirieron irse a descansar pues al día siguiente les esperaba otro día intenso.
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El nuevo día despertaba y con él un cúmulo de actividades por realizar mientras el reloj jugaba en nuestra contra. Por la mañana hicimos las veces de guías turísticos, recorriendo el casco histórico y demostrando in situ porque esta ciudad merece ser Ciudad Europea de la Cultura. Las sinuosas calles que lo conforman, su espectacular arquitectura, el empedrado de su suelo, la regia muralla alterada solo por las puertas de entrada, las altas torres y campanarios copadas por los nidos de cigüeña, los fabulosos aljibes, la mezcla de culturas y un sin fin de rincones donde perderse dejaban estupefactos a los viajeros, e incluso a los locales, cuya belleza del casco histórico nunca dejará de sorprender ni admirar. El crotorar de las cigüeñas otorgaba la banda sonora apropiada para hacer más idílico aquél paseo que, sin duda alguna, ponía de manifiesto que Cáceres es un ciudad con encanto.
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Las horas de recorrido turístico nos dejaban exhaustos, especialmente a los Burgaleses, menos acostumbrados a las pendientes y los constantes desniveles que configuran nuestra ciudad amurallada, fue por ello que decidimos sentarnos a comer en un pequeño restaurante colindante con la Parte Antigua. Tras el merecido descanso y reposo retomamos nuestra visita que tuvimos que dar por finalizada ante la premura de los próximos compromisos.
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Como viene siendo tradicional en los encuentros entre Cáceres y Burgos ambos aficionados teníamos pactado un partido amistoso que celebraríamos esa misma tarde en el mítico Pabellón Universitario V Centenario, con éste nos veíamos por cuarta vez las caras en la pista y por primera vez ejercíamos de anfitriones. Tal condición hizo que nos esmeráramos en los detalles, así dispusimos de un cartel anunciando el partido y una cuartilla oficial en la que contabilizar el resultado. A las siete de la tarde fueron llegando puntualmente los jugadores entre los cuales se distinguía alguna cara nueva, un breve calentamiento y las pertinentes fotos de los respectivos conjuntos daban pie al inicio del partido. Con los nervios en el estómago, como si de un partido oficial se tratase, empezaba el juego más marcado por las ganas que por el acierto. El primer cuarto cayó del lado verdinegro mientras que en el segundo Burgos daba un golpe de autoridad imponiéndose en el parcial, pero al igual que el día anterior ocurriese con los profesionales, la reanudación del encuentro tras el descanso decantó la balanza a favor de los locales.
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Aunque suene tópico y redundante decirlo lo que menos importó fue el resultado, sino el impresionante ambiente, hermanamiento y sentido del humor con el que se vivió toda la jornada; con espacio para las bromas y ocurrencias de todo tipo. Aún hoy, con el paso de los días, el recuerdo sigue presente haciendo sonreír espontánea e involuntariamente a quienes tuvimos la fortuna de vivirlo, buena prueba de todo ello es nuestra foto de familia.
Una vez disputado el choque nos fuimos a cenar los veinte protagonistas donde degustamos un menú con productos típicos de la tierra y carnes a la brasa. Por última vez nos juntamos para compartir aventuras y desventuras, riéndonos de nuestras pocas dotes baloncestísticas a pesar de nuestra marcada afición por dicho deporte. Tras la cena de la familia cacereño-burgalesa los asistentes se perdieron en la noche festiva sobre lo cual lo más que puedo decir es que no decepcionó a nadie.
A estás alturas todos están ya de regreso a casa y desde aquí queremos agradecerles su presencia, su comportamiento y ante todo, su deportividad. Ojalá sirvan estas líneas para mostrarle a quien lo lea que el resurgir del baloncesto en esta ciudad ha devuelto mucho más que un simple deporte.
Ahora sólo cabe esperar que el caprichoso destino nos una otra vez, quien sabe si antes de lo previsto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Quinta parada: Málaga-Rincón de la Victoria

Málaga fue el destino agraciado. Hasta la ciudad andaluza fuimos el sábado día 20 con el fin de pasar un agradable fin de semana cuyo colofón final lo pondría el partido de nuestro Cáceres 2016 el domingo por la mañana en Rincón de La Victoria.
En esta ocasión no voy a contarles un tostón insufrible a modo de crónica (no hace falta que me den las gracias) sino que quisiera detenerme en otro aspecto emergido a cuenta del partido.

[Las aportaciones aquí vertidas son sólo mi opinión personal y perspectiva]



Cunado uno se desplaza lo hace con mucha ilusión. Generalmente, estas escapadas tienen como propósito desconectar del día a día y aprovechar a la par para disfrutar con tu hobbie. Digamos que inconscientemente es el pretexto y la motivación oportuna para romper con la rutina. Es curioso como desde que sale el calendario, el cual esperas como agua de Mayo, vas cavilando cuáles son los viajes más accesibles; así hasta fijar una serie de objetivos. Son muchas las variables que tienes en cuenta para escoger: distancia, ubicación temporal, lugares desconocidos, trascendencia, etc. pero en ningún caso contemplas como factor a tener en cuenta las hipotéticas posibilidades de victoria o lo contrario. Uno va a disfrutar pase lo que pase.

Sin embargo, he de confesar que en esta ocasión me he sentido decepcionada. Con éste es el quinto desplazamiento de más de 300 km que hacemos esta temporada y el cuarto que perdemos, en cambio el sabor de boca que me quedó fue muy agrio. El partido fue todo lo contrario a lo que cabe esperar de un encuentro baloncestístico con “tu equipo” y “tus jugadores” como protagonistas. Todos somos conscientes cuando nos embargamos en estas aventuras y echamos las maletas al coche que cabe la infausta posibilidad, por mucho que nos pese, de que esto sea así. Y a pesar de ello, tú de manera voluntaria te estás exponiendo a llevarte semejante chaparrón final. Hasta ahí yo no tengo nada que reprochar, por los motivos que fuera (no me compete a mí analizarlos) el partido fue para olvidarlo.

Ahora bien, teniendo en cuenta que éramos seis personas, que les habíamos animado tanto tiempo como nuestro espíritu dio de sí(que no es poco), que estábamos justo detrás del banquillo, que no pudieron oír una palabra mal sonante, ni un pitido, que es el enésimo partido al que les acompañamos, etc. no hubiera estado mal que en lugar de salir corriendo en milésimas de segundos alguien nos hubiera mirado o hecho un pequeño gesto, simplemente pido eso, una triste mirada o una señal de respeto para quienes estuvieron con ellos (Contacto con tacto para todos)
Gracias a Dios, las excepciones existen, nuestro capitán y hombre de la casa, Juan Sanguino, tuvo el detalle de hacerlo. De la misma forma que a la salida del vestuario se acercó a nosotros para intercambiar algunas palabras como posteriormente lo haría Lucio Angulo tras saludarnos y ser reclamo nuestro. Unas pocas palabras, ni agradecimientos, ni disculpas (válgame Dios, no es eso lo que pido) simplemente un “algo” que te de aliento necesario y que te haga sentirte un poco menos insignificante.

Pero no fue así, y eso me defraudó, porque lo mismo nos pasó en Zaragoza. Pero mira, para este podemos poner como excusa que en esa ocasión estábamos allende los mares, rodeados de siete mil personas más y que puede ser que ni nos vieran. Sin embargo, para el domingo no existen pretextos.
Como decía al inicio viajamos libremente, pero eso no significa que no nos suponga esfuerzo; alguien podría preguntarse si es posible que esto sea así. Pues sí, porque para empezar conlleva gastos; tener que pedir favores, días de vacaciones o en su defecto jornadas maratonianas que empiezan un viernes antes de las siete de la mañana y terminan pasadas las doce de la noche en otro punto de España totalmente diferente al que te despertaste. Pero no sólo es esto, tienes que planificar el viaje, adecuarlo a unas necesidades económicas, llegar a un consenso, etc. Y de este cúmulo de gestiones previas quizás la peor de todas sea tener que lidiar con todos aquellos que te toman por loco/tonto/friki donde abundan expresiones del tipo
“Y para verlos perder vais a ir”
“con el frío que hace en Burgos”
“Cómo están las carreteras”
“Poneros en carretera para esas tonterías”
“Ir hasta Zaragoza para volveros el domingo”
“vais a pasar más tiempo en el coche allí”
Y un largo etc. de recurrentes frases que cansan hasta tu tía Rita la cantaora (alguien da más). Vamos a ver, no es que carezcan de razón, sino que ya podían asumir que para un vicio que tenemos que menos que disfrutarlo.

En fin, es innegable que tiene su miga, pero no voy a engañar a nadie. Para mí estos “esfuerzos” no lo son demasiado porque las ganas son infinitamente superiores. Y si hay algo que tengo claro es que, puesto que a día de hoy vivo en la privilegiada situación de tener un trabajo que me lo permite por horario y recursos, no voy a prescindir de ello mientras la ilusión y el baloncesto perduren. Lo que ocurre es que cuando el resultado final, último propósito de tu viaje, es el espectáculo del domingo y nadie te da una muestra de ese respeto/cariño sientes como si hubieran dado la razón a todos aquellos de enjuician tus acciones.

Considero que somos unos simples amigos, que nos gusta el baloncesto y disfrutar con él por ello nos juntamos para estos menesteres. No somos ultras ni nada por el estilo, no asediamos a los jugadores(Venga vale, yo los asedio por facebook) y somos harto prudentes para lo bueno y para lo mano. No sé si precisamente esa prudencia es el motivo de la falta de feedback, pero el domingo lo eché en falta.

A mí me gusta ser justa (o al menos intentarlo) y por eso hay que ponerse en el lugar del otro. Seamos francos, si en algún momento, en tu lugar de trabajo tienes un día de perros, discutes con tus superiores y/o compañeros, etc. imagino que maldita las ganas que tendrás de reírle las gracias a alguien. Eso es lógico, pero no sé, no me parece suficiente respuesta. También me enseñaron que tu trabajo es tu trabajo y has de rendir por encima de muchas cosas (al menos hacer el esfuerzo) aunque todos tengamos días malos. No entiendo que de 12 jugadores y entrenadores sólo uno de los jugadores saludara antes de irse al vestuario y dos antes de irse al autobús, su trabajo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y aunque este forme parte de lo segundo creo que en  este caso pudieron hacer una excepción.

En fin, divagaciones a parte nada va a impedir (salvo causa de fuerza mayor) que el día 9 de abril (Sí, 9 de abril repito) esté en Palencia con mi pancarta de Lucio MVP y ya veremos si incluimos una de Feliz Cumpleaños (Sí, esta soy yo, la que no los asedia a los jugadores xD).

Como no puede ser de otra forma finalizaré semejante reflexión, digna del mejor manual de psicología para jugadores (qué fácil es todo desde fuera), con esta foto en agradecimiento a Lucio Angulo y especialmente a Juan.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Burgosfera 2.0

Si nada lo remedia dentro de una hora estaremos camino de Burgos por tercera vez este año, he releído la trilogía del primer viaje, especialmente la primera parte, y la verdad es que es bastante gracioso. Sin exagerar estuvimos meses y meses hablando del viaje y de la pachanga, de la nieve y el frío, de las cadenas... Pero lo más gracioso fue por la noche en el hotel todos aterrados pensando si el archimentado Mariano Gaspar tendría paredes o no.
En fin, esta vez vamos algo más traquilos a pesar de que ayer ya había cierta euforia desatada aunque nada relacionada con baloncesto xD.
P.D.: Sintiéndolo mucho no funcionan los walkitalkis

viernes, 27 de noviembre de 2009

León (qué nos gusta Castilla y León)

Para verlo en "bonito" (con fotos) pasen por aquí

Levantarse un domingo por la mañana a las seis de la mañana a priori parece una idea descabellada, más si cabe cuando el lunes es día laboral y cada cual tendrá que volver a sus obligaciones ya sean laborales o estudiantiles. Pero la vida es cuestión de prioridades y todo cambia de cariz cuando tu equipo y un partido se pone por delante. Al menos eso es lo que debimos pensar el medio centenar de aficionados que nos trasladamos a tierras leonesas para presenciar el partido que enfrentaría al Cáceres 2016 basket contra el equipo local.

Poco a poco fuimos llegando seguidores al pabellón multiusos donde nos esperaba el autobús; ni las improntas horas, ni el frío, ni la niebla apagaban el entusiasmo de los allí presentes que ataviados con bufandas, camisetas, banderas e incluso mascotas se disponían a pasar un día plagado de emociones.

Cinco horas anduvimos recorriendo las carreteras desde Extremadura a la comunidad castellano-leonesa que cada cual llevó como pudo: durmiendo, leyendo, departiendo en sosegadas conversaciones, librando auténticos duelos a la PSP, etc. pero el momento de mayor júbilo fue cuando al fin vislumbramos nuestro destino en el frente, fue entonces cuando los “golfinegros” desataron todo su espíritu con numerosos cánticos que levantaron y contagiaron al resto de los viajeros. Finalmente, a las 12:30 de la mañana el autobús nos dejaba en el Palacios de los Deportes de León desde allí cada cual emprendió su ruta por la ciudad leonesa aunque la inmensa mayoría nos trasladamos hasta La Catedral, imperdonable visita, donde nos tomamos una “foto de familia”. Una vez contemplado el casco histórico, y teniendo en cuenta las horas que eran, hicimos lo propio: turismo gastronómico por el barrio húmedo. Y entre tapas, raciones y cañas llegó la hora de volver al Palacio de los deportes.

De vuelta al pabellón el cielo comenzó a descargar el agua que llevaba amenazando todo el día y que hasta ese momento nos había respetado, quizás era el preludio de lo que después nos tocaría vivir. Una vez allí nos reunimos con los incansables madrileños (MACA) y todos juntos entramos en el graderío dando paso al estruendo de los bombos, bocinas y nuestras propias voces que se alzaban sin cesar. Aquella llamativa puesta en escena no dejaba indiferente, ni a los aficionados locales, ni a los jugadores de nuestro equipo que ya estiraban en la pista; nuestra presencia era inmediatamente correspondida por una sonrisa de oreja a oreja de Randy Holcomb.

Por fin conseguimos asentarnos tras acatar las órdenes que un paciente señor de seguridad nos daba, el marcador reflejaba seis minutos para el inicio de partido momento para efectuar las presentaciones de ambos equipos. Uno por uno fueron radiando y saltando a pista nuestros jugadores hasta llegar nuestro entrenador que tenía una emotiva “vuelta a casa” todo ello entre los constantes aplausos, cánticos y cómo no, la tradicional lluvia de “papelinos” con la que eran agasajados por los aficionados desplazados. Minutos después el balón se echaba al aire y con ello se calmaba ligeramente la ansiedad, aunque no por ello los nervios. De pie, sin descanso, agitando nuestras bufadas y haciendo sonar nuestras bocinas, animamos a todos nuestros jugadores, acertaran o erraran, lo importante es que siguieran luchando y metidos en el partido.

Los dos primeros cuartos pasaron como una exhalación, con una formidable actuación de todo nuestro equipo que sacaba garra y coraje cada vez que León intentaba separarse en el marcador, ni el recital ofensivo de Urtasun hizo que se bajaran los brazos en ningún momento. Tal era el espíritu y la confianza que transmitía el equipo que a dos segundos de llegar al descanso Francis Sánchez nos regalaba un triple desde medio campo para acabar con un 42-43 que invitaba a soñar. Al menos, en ese preciso instante los 450 kilómetros recorridos junto con el madrugón cobraban sentido y eran recompensados indistintamente de lo que después pudiera pasar.

El descanso también lo aprovecharon los “golfinegros” para relajarse y tomar un poco de aire, quizás el único momento que invirtieron en ello. Mientras tanto las conversaciones que se propiciaban narraban la solidez y seriedad mostrada por el equipo, las sensaciones eran buenas creíamos estar un paso más cerca de lo que todos deseamos traer de vuelta: la victoria. Pero como todos sabíamos esto no lo deciden los aficionados y aún nos quedaban 20 minutos por delante que de sobra sabíamos que no iban a ser fáciles. Con esta perspectiva dio comienzo el tercer cuarto y cada cual volvió a su oficio, unos animando y dando aliento al equipo y otros materializando en la pista ese empuje. Quizás fue esa constante comunión entre el equipo y los aficionados la que hizo que jugadores como Xavi Forcada nos levantará una y otra vez del asiento exultantes, sólo él pudo desquiciar a Urtasun, pero para infortunio de todos su brío pareció no ser suficiente. Así pues, aunque en el tercer cuarto seguimos manteniendo el tipo pese a que nuestro potencial ofensivo disminuyó, el último cuarto nos depararía una sequía anotadora que acabó por terminar con las posibilidades de traernos la victoria. Recuerdo que la última canasta verdinegra se metió a falta de 5 minutos para el final, pero en ningún momento de esa eternidad de tiempo los aficionados dejaron de apoyar a su equipo, pese a que en ocasiones flojearan las fuerzas, pero ahí estaban los experimentados madrileños para ejercer de líderes y recordar que más que nunca ese era el momento de animar; y así se hizo.

Y todos a estas alturas sabemos el guión final, pero al término los jugadores fueron aplaudidos como ganadores porque en el deporte hay que saber reconocer el esfuerzo y para ganar primero hay que luchar y competir (no todo se mide en derrotas y victorias). Para terminar las últimas fuerzas que nos quedaban tras una jornada tan intensa esperamos a los jugadores y así poder saludarles de vuelta al autobús que los conduciría a casa, todos nos contestaron cordialmente aunque siempre recordaremos las palabras del último en llegar (Gustavo Amanzana) “Gracias, Muchas gracias por venir” “Hay que seguir trabajando”.

Con ese sabor agridulce que dejan estos eventos llegamos a Cáceres a las 3 de la mañana del lunes y aunque les parezca mentira estos “golfinegros”, que no tienen remedio, lo hicieron al canto de…

Uooooohhh, Uoooohhhh, Uooohhhh, Uoooooohhh Esta es tu hinchada, hinchada, hinchada, hinchada verdinegra, te quiere, te quiere, te sigue a todas partes, te anima, te anima, alza su voz al viento, al viento, al viento. No para de animaaaaaaaaaaaaaaaaaaar, Uooooohhh, Uoooohhhh, Uooohhhh, Uoooooohhh

Gracias a todos los que hicieron posible el viaje una experiencia muy recomendable para cualquier aficionado.

Proximamente... Burgosfera enésima parte.

P.D.: me he saltado algún par de detallitos la "hortera-vieja del pabellón", el impepinable volumen los pesados del caribe no sé cual parte, alguna otra incidencia en el viaje de vuelta... detalles insignificantes xD.

viernes, 8 de mayo de 2009

Burgosfera (III y Última parte)

La luz de un nuevo día resplandecía por las ventanas y mientras algunos se iban a desayunar otros echaban quinielas, para terminar todos en una céntrica plaza con forma poligonal. Desde allí partiría la exploración turística que, como no podía ser de otra forma, cobraría sentido con la intensa visita a los interiores de la majestuosa Catedral Burgalesa; aunque el pobre will se tuvo que marchar defraudado por no poder el video explicativo sobre la construcción de la misma. Tras esta visita obligada seguimos paseando por las calles del casco histórico y las más representativas mirando los tenderetes de productos propios de la tierra en busca de las morcillas perfectas, entre paseo y paseo pudimos ver y fotografiarnos con un valiente peregrino que con su concha viajaba a Santiago sin temor alguno a las gélidas temperaturas. Pronto el rugir de nuestras tripas anunciaban la llegada de la hora de comer por ello regresamos al hotel caminando por el bello paseo del espolón y la rivera del Arlanzón. Una vez allí nos reencontramos con Son y señora para terminar todos en busca de un sitio decentillo en el que poder reponer fuerzas, sentados por fin en la semana los platos de comida calmaban la hambruna mientras will queriendo ser dudosamente amable recordaba a quien había que darle las sobras de la comida. Con la panza llena volvimos a nuestros aposentos no sin antes hacernos con las suficientes provisiones de agua para la cada vez más cercana pachanga, así de precavidos regresamos al hotel las horas previas a ese momento culminante del viaje que cada uno invirtió en concentrarse de la mejor manera posible que pudo y supo como así lo demuestra la foto de Jugoncita. A las no sé cuales horas de la tarde (que si joer, que sí, que la próxima vez lo hago más pronto y me acuerdo de las horas) ataviados con las ropas propias del que va a jugar a Basket nos montamos en el coche para ir hasta el “pabellón” Mariano Gaspar, tras especular con todo los edificios grandes y con forma o presunta forma de pabellón que veíamos finalmente atisbamos una nave, con no muy buena pinta como para jugar en invierno, que resultaría ser el verdadero. Allí dentro iniciamos nuestro calentamiento mientras tanteábamos las canastas, poco a poco nuestros rivales hacían acto de presencia así hasta esta estar todos. Instantes antes de iniciar la pachanga en una acto espontáneo por ambas partes los capitanes se intercambiaron el banderín de cada club, además lo Burgaleses nos obsequiaron con un pin y una bufanda todo ello pasará a la posteridad en la foto de familia.
Bueno, sin más parafernalia de por medio el momento de saltar a pista había llegado wrukvanoic daba el cinco titular y diseñaba la estrategia en su pizarra, en la mesa un burgalés lesionado llevaba la anotación y el equipo rival se conjuraba para luchar contra las torres visitantes. El partido no tuvo historia, salvo el achuchón inicial de los locales inspirados desde más allá de 6’25 junto con la ansiedad de los visitantes les hizo dueño del marcador durante el primer cuarto, pero sólo sería un espejismo que de desvanecería por completo en el tiempo restante hasta el final. El domino de iron bajo los tableros, la garra de wrukvanovic, los brincos de Nipón Ichi, la polivalencia de Son, la visión de juego y generosidad del comunitario djfruco, el tiro exterior y la aguerrida defensa de Gunmancito así como las imprevisibles penetraciones de Will catapultaron a los extremeños hacia la victoria. Punto y final a la pachanga tras el pertinente aseo fuimos a cenar a un restaurante/sidrería de unos vascos en un pueblo a cinco kilómetros de Burgos cuyo nombre, a pesar de las veces que nos lo repitieron, no sé cual es. Para poder llegar hasta aquél extraño lugar necesitábamos un guía que como siempre fue nuestro dj favorito (aunque no sabemos que fue mejor si el remedio o la enfermedad xD), salimos del Hotel y fuimos siguiendo la estela de fruco para poder cenar, pero la cosa se fue poniendo fea. Pasaron los 5 kilómetros a los que estimábamos estaba el pueblo y no había nada más que una carretera secundaria totalmente oscura. Pasaron otros 5 kilómetros más y unas incipientes casas se veían, por lo cual pensábamos que estábamos salvados; pero nada más lejos de la realidad nuestro guía las pasaba de largo. Taitantos kilómetros después por una oscurísima carretera en la que no Te cruzabas con ningún coche y sólo había campo alrededor empezamos a temer por nuestra supervivencia, más cuando nuestro guía se metió con un brusco giro en un apeadero y detuvo el coche. Ya pensábamos que habíamos llegado al fin de nuestros días. Pero no, obviamente estábamos perdidos, así que tras unas cuantas pesquisas y deshacer parte del camino andado dimos con la sidrería. La verdad es que las dificultades para llegar merecieron la pena, pues unas morcillas de la tierra con unos chorizos del infierno aderezados con torta del casar que aportamos los viajeros hicieron las delicias de los comensales para abrir boca, y como plato fuerte unos espectaculares chuletones que incluían piedra ardiendo esperaban a los más hambrientos. Y pensar que por lo visto había un mito que decía que de Madrid pa’ abajo no se come… totalmente tirado por tierra.
Allí el que más y el que menos pasaba el rato entre conversaciones variadas, unos explicando que sólo les gustaba el ron a pesar de sumergir la tarta de whisky en whisky , otros con pachangas, baloncesto…de todo un poco, todo ello con una temperatura aproxima de 40º otra vez. Al término de la misma unos regresaron al hotel a descansar y a otros les dio el cuerpo para más y se fueron de copas, pero nuestras fuentes se quedan aquí. En la mañana del domingo los jóvenes viajeros recogieron sus enseres que en el caso de algunos como Jugoncita duplicó el tamaño de la maleta a base de guardarse todo los amenities del cuarto de baño que tanto le fascinaron, caramelos, bombones, libretas, bolígrafos, etc. todo cortesía del hotel. Así es normal que su habitación ahora pueda ser transformada en una “habitación silken”.
Y con esto y un bizcocho tras pagar religiosamente el hotel, retornamos a la autovía de la plata que nos llevaría de vuelta a casa. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Conclusiones:
*Gracias a todos los que formaron parte de este viaje en alguna medida
*Gracias por si hay algún valiente que haya leído la trilogía xD o alguna de sus partes.
*El Frío en Burgos es un mito
Si alguien no quiere aparecer en alguno de los tres relatos por nombre o foto que lo haga saber.

Bugosfera (II Parte)

Lo prometido es deuda...
Llegado el día en cuestión nos apresuramos en salir de los respectivos trabajos para ir hasta el punto concretado para acabar de llenar los coches que partían en peligro de reventón, entre mantas polares, abrigos, comida para supervivencia en caso de aislamiento, bombos… no daban abasto.
Todo listo pusimos rumbo a la A-66 dirección Salamanca ambos conches interconectados por walkitalkis, ya sólo 400 y pico Km. nos separaban de nuestro destino. El viaje se preveía tranquilo, apenas había tráfico, únicamente el viento se tornaba como compañero de ruta obligando a los prudentes conductores a ejercitar sus bíceps.
El primer destino marcado en el mapa (bueno, en el GPS) sería cuatrocalzadas (Salamanca), jugosos bocadillos de jamón ibérico y queso nos esperaban allí. Mientras dábamos caza a nuestro primer objetivo el tiempo se esfumaba a lo largo de la Vía de la Plata entre variopintas conversaciones que amenizaban la velada. Jugoncita se admiró (una vez que pasó la fase de “que miedo me da este tío”) de la portentosa atención dividida de Wrukvanovic sólo apta para mentes privilegiadas, así como su interminable palique (unos tanto y otros tan poco…). Nos llevaba a su antojo por el asfalto, a la par que por tertulias de lo más variadas (que si trabajo, estudios, baloncesto, despedidas de solteros…) era capaz de controlar a nuestro lazarillo guiador, adelantar, hablar, gesticular, e incluso mirarte… Nada se le resistía. Así que en un abrir y cerrar de ojos nuestras hambrientos estómagos se plantaron en cuatrocalzadas, lugar en el que Will aprovechó para perpetuar sus costumbres y entablar relaciones con la camarera. Algo menos de media hora invertimos en comer y los viajeros regresamos con presura a los bólidos para poner dirección Valladolid, en una hora y pico estábamos dejando la ciudad Pucelana a nuestra derecha. Poco a poco la tarde se mecía y cedía terreno a la noche, de la misma forma cada vez acariciábamos más cerca nuestro destino. Un breve paso por la provincia de Zamora era seguido de la entrada en la provincia de Burgos donde amablemente la DGT nos avisaba del riesgo de nieve (me río yo), todos estos factores hicieron que levemente tomaros conciencia de la magnitud de nuestro viaje. Por fin a lo lejos, el resplandor de una gran urbe nos indicaba que habíamos llegado, así que decididos abandonamos la autovía y nos vimos plenamente inmersos en la Burgosfera; no sin antes hacer unas cuantas maniobras de dudosa reputación con el coche. Con ese gusanillo mezcla de ilusión y satisfacción circulábamos por las desconocidas calles de la ciudad del Cid, los pasajeros comenzábamos a soltar en pequeñas dosis la adrenalina retenida mucho tiempo, las primeras impresiones eran intercambiadas vía walktalking donde se colaban estridentes interferencias provocadas por el móvil de Nipón Ichi. Sin duda alguna lo más llamativo era ver como a pesar de estar en el norte eran las 7 de la tarde y las tiendas estaban abiertas es más, hasta había gente en las calles. Tras el pertinente callejeo del que no conoce, a nuestra izquierda en paralelo a las aguas del río Arlanzón se ubicaba nuestra colosal madriguera.
Allá bajamos del coche una representación de los viajeros en busca de nuestras habitaciones y de descubrir donde se escondía el garaje, tras un breve contacto con la temida temperatura lugareña entramos en el hotel donde una perspicaz recepcionista nos atendió. Acaecidos unos pequeños momentos de confusión por la letra de la matrícula (Como se puede escribir “B” cuando se le dice a alguien con “P” de Palencia… Mágico, ¿Verdad?) la amable señorita nos informaba de la ubicación de la cochera aunque tardó en comprender que la indicación “ahí al lado” no nos servía de mucho. Superado los primeros choques entre los terrícolas extremeños y los castellanos conseguimos dar con él y aparcar, recogimos nuestros enseres y fuimos directos a conocer nuestras ansiadas habitaciones. Y allí estábamos, en una habitación de aire minimalista en tonos wenge (“wanje” para mí) digna del mejor hotel de lujo con una temperatura que rondaba una sensación térmica de 40º grados; no obstante no hubo tiempo para mucho pues nos ataviamos con todo lo pertinente para la batalla que nos tocaba librar y pusimos rumbo a El Plantío. Tras un mínimo fallo logístico que nos obligó a dar un pequeño paseo con la fresca ante nosotros se erguía ya el pequeño pero acogedor Plantío. A nuestra llegada numerosas personas se volteaban atraídos por el diferenciador color verdinegro y banderas ajenas, pero no todo iban a ser caras desconocidas porque enseguida reconocimos la carismática melena de Langos que junto con su Brother seguían tejiendo a su alrededor una afición digna de la mayor admiración y a prueba de cualquier distancia kilométrica. Todos los pocos, pero suficientes aficionados cacereños nos adentramos en el pabellón donde una temperatura que evocaba al mismísimo infierno se avalanzaba sobre nosotros provocando ipso factos sudores que dificultaban la laboriosa misión de ubicación del campamento. Una vez conseguido nuestro propósito nos despojamos de algunas capas de ropa que favorecieran nuestra supervivencia, poco a poco nos fuimos acomodando y recibiendo visitas de hospitalarios burgaleses y extremeños esparcidos por la geografía circundante. Pero si hubo una visita especial fue aquel señor bajito con barba que se acercaba desde el parqué, lucía un jersey a rayas con llamativos colores que no dejaba indiferente a nadie. Sí, era él, el mismísimo djfruco aunque la ausencia del tardón Son provocó su desilusión y que Jugoncita se perdiera ese previsible mágico encuentro.
El primer objetivo que nos había llevado hasta Burgos daba comienzo, el equipo visitante de Blanco saltaba a la pista con un Rod Brown que agitaba sus brazos cruzando su mirada hacia los viajeros cacereños, aquello hizo pensar a Jugoncita que algo iba a cambiar en ese equipo, que esa noche iba a ser una gran noche; 39 minutos y medio después los presagios se volvían realidad. Una primera parte descafeinada dio pase a una segunda mitad donde el equipo visitante sacaba toda su casta y orgullo para deleite de los desplazados. Toda la emoción alcanzaba su cota máxima a falta de 6 segundo para el final, el argentino Diego Guaita disponía de dos tiros libres con un resultado desfavorable por un punto, en su mano todas nuestras ilusiones y esperanzas. Un tiempo muerto concedía espacio al sufrimiento, el latido de nuestro corazón se disparaba conteníamos los nervios como podíamos. Llegó el momento, nuestro hombre en la línea de tiros libres desde la grada se oía un “ánimo Diego”, él botaba mientras nosotros aguantábamos la respiración. Emanaba grandes dosis de seguridad y confianza algo de eso nos trasladó, todos creímos en él y no defraudó. Finalmente anotó los dos tiros libres y con el pitido final el júbilo se desató.
(He obviado la historia de Nipón Ichi y su amigo Burgalés porque aún me produce efectos secundarios… que grandioso momento. Eso sí, adjunto imagen del hecho para los conocedores)
Más contentos que unas castañuelas volvimos a nuestro sahariano hotel donde la bruma nos esperaba más allá de la puerta. Todos juntos en amor y compaña nos arrejuntamos en la habitación del medio (jor, tanto tiempo ha pasado que no recuerdo el nº) para pegarnos el festín padre a base de bocadillos, entre bocado y bocado la conversación se centraba en la duda cada vez más creciente de presencia o no de paredes en el temible pabellón Mariano Gaspar donde al día siguiente nos veríamos las caras con los foreros burgaleses. Sin darnos cuenta los relojes anunciaron las 12 de la noche y con ello terminaba un día muy largo, pero no así lo haría nuestro devenir puesto que en un alarde de pavonería los viajeros decidieron salir para contemplar la famosa Catedral de Burgos sin reparar en el hecho de que un viento infernal azotaba la capital. Así pues a las 1 y pico salíamos del hotel y sin apenas dar dos pasos (no hacía falta el viento llevaba a empujones) llegamos. Diez minutos después estábamos de vuelta en el hotel aunque el transcurso de vuelta evocaba al mejor de los combates entre unos mediocres cacereños versus el todo poderoso Dios Eolo, finalmente llegamos sanos y salvos. Ahora ya sí tocaba descansar hasta el amanecer siguiente.
Continuará...

miércoles, 11 de febrero de 2009

BURGOSFERA (PRIMERA PARTE)

Ya queda lejos el 23 de enero, pero es que hasta la fecha no me había vagado hacer la merecida crónica del viaje y la previa. Que le vamos a hacer soy lentita para muchos aspectos, pero bueno la disponibilidad tampoco acompañaba. Vamos allá…
Después de meses elucubrando nuestra marcha a tierras burgalesas al fin llegó el momento. Pasaron 6 meses de innumerables desvaríos planificando el viaje, aterrorizados por el temor de que un temporal nos atrapase sin cadenas o lo que es peor, con ellas y sin saber como ponerlas. Pero si el tiempo era un problema, ir hasta Burgos para jugar una pachanga a dos canastas no lo era menos. Aunque en realidad éste era nuestro fin (junto con ver el partido del viernes, no nos olvidemos) vivimos oprimidos por la incertidumbre que nos suponía desconocer el nivel de nuestro rival. Las informaciones eran contradictorias, tan pronto parecían muy malos (espero que nadie de Burgos lea esto xD) como nos hacían temer por nuestro pundonor. Así que con la presión que supone ir de “favoritos” a cualquier partido comenzamos a entrenarnos arduamente. Por tierras cacereñas empezaron a sucederse las pachangas a dos canastas, propios y extraños se afanaban por llegar a un nivel medianamente decente.
Una vez afrontamos y asumimos que jugaríamos bajo este sistema para nosotros un tanto lejano pues somos una estirpe de deportistas un poco perretes; una vez más el frío y el temor a que el aire de Burgos congelara nuestros pulmones hacían mella en nuestro espíritu ganador. Las informaciones que nos llegaban desde la ciudad castellana no eran nada halagüeñas, ya teníamos emplazamiento para el choque, se trataba del pabellón “Mariano Gaspar” uno que no tiene calefacción (sí, en el norte los pabellones gastan de eso), ni vestuarios, el suelo era de hormigón (no sé de que tipo) y lo que es peor, dudábamos de la existencia de paredes. Todo olía a encerrona.
Intimidados por semejantes noticias ya había quien hacía amagos de rajadas, poco a poco se iban sabiendo más datos, jugaríamos 7 contra 12… todo comenzaba a nublarse, el horizonte se teñía de una espesa sombra y el pesimismo acechaba cual ave carroñera a los pachangueros cacereños. Pero demostrando que somos Extremos y Duros pronto nos sobrepusimos a tanta avalancha de negativismo, una comida con más postres que personas nos levantó y engrosó el espíritu; a la par que engrosaba nuestras ya, más que lustrosas carnes.
Todo tornaba otro color (incluyendo la cara de Nippon Ichi que no salía de su perplejidad), el camino se allanaba, las piedras desaparecían, nos íbamos creciendo poco a poco, el pesimismo dejaba paso a la emoción que circulaba a 100km/h en nuestro torrente sanguíneo. Cuando parecía que la cosa no podía ir a más, que estábamos tocando el cielo, aparecieron en escenas “Las Pizarras”. Una era de tamaño familiar, en ella Gunmancito esbozaba jugadas y por su parte, Jugoncita, la usaba de servicios múltiples. Tan pronto era el recetario para la masa de los Crêppes como un lienzo donde dar rienda suelta a todo su arte, ninguno. Mas las artes plásticas no desaparecerían aquí.
Mientras, en la mesa, los postres llamaban sutilmente con su cantos de sirena a Nippon Ichi, el resto nos encargábamos de alejarle de tanta tentación, pues fue en ese momento cuando
Wrukvanovic fue agasajado con una Pizarra que ya hubieran querido en su haber Aíto García Reneses o el mismísimo Ivanovic. A partir de este momento el delirio se desató, el sentido común se esfumó y ya ni siquiera se atisbaban pequeñas muestras de cordura. Wrukvanovic, mostrando una emoción contenida que se dejaba entrever por su tímida sonrisa de ilusión, quedó fascinado por tan fastuoso presente. A petición de la masa popular y con su sabiduría, nada envidiable a la mostrada por Joan Creus en las retransmisiones de TVE, las lecciones técnicas de El Ilustre empezaron para la mediocre plebe. Eso sí, nuestro sabio amigo nos demostró que es humano y aunque sea capaz de contestarte a cualquier pregunta que se le haga sobre cualquier tema, quiso quedar constancia de que no es capaz de dibujar dos rayas convergentes y un semicírculo (al menos no sin escuadra, cartabón y compás).
Tras aquél momento de éxtasis pizarril, que quedó perpetuado en las entrañas del youtube, los atónitos pupilos se lanzaron a por los postres, por fin el resignado Nippon Ichi fue recompensado por su paciencia. Algún efecto extraño debió causarnos tanta euforia, especialmente al anfitrión Will que llamaba cookie gigante a un bizcocho con pepitas de chocolates, decía que la ta
rta de queso con chocolate estaba mejor que la segunda, que a su vez estaba mejor que la primera… cuando todas son la misma receta. Y para colmo, por si los postres eran pocos, se le ocurrió prepararnos una “papurreta” de bizcocho con natillas, que aunque dicho así suene mal hay que reconocer que estaba bueno.
Con todo esto, la tarde en WillHouse se iba esfumando, entre todos y sin muchos problemas tras un breve scouting hoteleros decidíamos en cual nos concentraríamos los mentalizados jugadores, como somos unos tíos de alto estanding nos decantaromos por un 4* recientemente inaugurado, que paradójicamente era el más barato. Finalmente la tarde acababa antes de partir a la pachanga-entrenamiento con unas exhibiciones a la wii y una obra maestra que pasará a la posteridad dibujada en la pizarra familiar por Jugoncita.
Mención especial debíamos hacer a nuestra Aveirinha (por favor, que alguien le busque un pseudónimo a Carmen que mi imaginación no da para más que para aberraciones) que tiene el cielo ganado por soportar a una panda de frikis del basket sin gustarle nada y encima prepararnos un menú digno de los más exquisitos paladares.
Pero no piensen ustedes que aquí acabaron nuestros quehaceres previos a Burgos, partido tras partido como local de nuestro Cáceres 2016 los presuntos viajeros se reunían para entramar más la excursión. Las noches de los viernes se perdían entre ración y ración en Casa Diego, pero fue ya cuando sentíamos el rebufo burgalés a nuestras espaldas cuando se intensificaron nuestras habladurías. Así se explica como una noche anduvimos deambulando sin norte por las calles de Cáceres durante horas y horas mientras Wrukvanovic disfrazado de Antonio Díaz Miguel (DEP.) nos enseñaba los conceptos básicos. Necesitábamos entender su jerga. Aquella noche Will hizo honor a su apodo, el Tapado, y cual esponja desértica comenzó a empapar conceptos con un interés y un ahínco antes desconocido en él. Desde aquella noche los pick & post, los pick & roll, la diferencia entre un bloqueo ciego y uno indirecto, las puertas atrás etc. nada, nada de eso es un secreto para él. Eso sí, en algunos momentos de debilidad sacaba su clásica actitud entre pasota y falto de fe en sí mismo (por favor que suene un poco de reggae) que sólo pudo superar gracias a las perseverantes lecciones de espíritu y competitividad sana con las que Gunmancito le agració, recordándole siempre “que esa no era la actitud”. En esta fría noche del invierno cacereño fue cuando se gestó, sin lugar a dudas, la presencia mister Zoilberg (will) en el quinteto titular.
Sin apenas darnos cuentas nos vimos metidos en la semana previa al viaje, semana en la que obtendríamos noticias contrapuestas. Por una parte, el padre fundador Son, paco Son o SobeSon si es en petit comité (espero que él tampoco lea esto xD) nos confirmaba que él también viajaría a las tierra del Cid. Nos aseguramos centímetros y calidad, la pachanga empezaba a caer de nuestro lado. Por otro parte, las noticias en los telediarios eran desalentadoras sufríamos el enésimo temporal de frío, viento y nieve que nos ha azotado en este invierno; Castillas y León junto con todo el centro peninsular eran severamente castigados. Pero ya nada nos derrumbaba, las ilusiones puestas en este viaje eran tantas que nada lo podría hacer tambalear. Como tantos otros viernes después de salir del multiusos nos fuimos a por nuestras croquetas a Casa Diego todos los viajeros, está vez sin excepción. Así pues por fin recuperamos a iron muy añorado en nuestras comilonas. Pero no en vano, él es experto en estas lidias y había permanecido ajeno a tanto frikismo primerizo y preservando su aparato digestivo de nuestros innumerables atentados gástricos.
Todo estaba apunto, llegó la semana en cuestión. Perfilamos detalles, compramos banderín y recambio para la bocina, recogimos los bombos, miramos y remiramos las previsiones meteorológicas en Internet, agitamos el foro (probeta en la que incubó todo) y finalmente jueves 22. Una última Quesada para recoger maletas y atar cabos sueltos y a dormir todo aquél que fuera capaz de conciliar el sueño pues después de tanta expectación no parecía tarea fácil.
CONTINUARÁ…
**Basado en hechos reales, pero ampliamente distorsionados
**En algún momento escribiré la segunda parte, espero que antes del próximo viaje.
*** La autora no se hace responsable de las opiniones aquí vertidas