jueves, 14 de abril de 2011

#pequeñosplaceresdelavida (IV)

61. Compartir viajes a cualquier destino. 
62. Recibir felicitaciones el día 6 de noviembre, mi otro cumpleaños.
63. Llamarte pesada quince veces al día.
64. Repartir y recibir golpes involuntarios en cada pachanga. 
65. La cara de susto al chascarte los dedos. 
66. Hacer preguntas que se responden con una caída de ojos. 
67. Necesitar un diccionario a mano para entenderte. 
68. Reconoceros a kilómetros de distancia por la forma de caminar. 
69. Que te hagan creer que has resuelto algo tras pistas infinitas. 
70. Escuchar conversaciones en las que no entiendes nada y descubrir que no eres nadie. 
71. Comidas con más postres que personas. 
72. Chocolate caliente en noviembre. 
73. Escarbar suavemente en vuestra persona. 
74. Observaros sin ser observada. 
75. Veros reír sin saber de qué. 
76. Consejos fraternales. 
77. Verdades edulcoradas.
78. Destruir barreras invisibles. 
79. Compartir grasas y colesterol cada viernes. 
80. Guiños ocultos, cuchibiri-cuchibiri.



miércoles, 13 de abril de 2011

#pequeñosplaceresdelavida (III)

41. Llorar a solas
42. El olor del Galán de noche.
43. Vestirme con lo que me apetezca según mi ánimo.
44. Inventarme los nombres de las cosas.
45. Partir almendras añejas y comerlas.
46. Andar descalza.
47. Ver  nevar una vez cada 25 años.
48. Mi pelo recién salido de la peluquería.
49. Beber coca-cola cenando tranquilamente.
50. Coger espárragos y llenarte de arañazos.
51. Coger piñones y tiznarte las manos.
52. Reconocer caras de desconocidos que me encuentro en los mismos lugares, a la misma hora.
53. Cerrar los ojos para meditar.
54. Abrazarme a la almohada
55. Dormir pegada a la pared y al lado de la ventana.
56. Escribir a mano.
57. Leer panfletos de publicidad en el baño.
58. Soñar despierta.
59. Hacer deporte para quemar estrés.
60. Regalos absurdos (o no) en días absurdos.



martes, 12 de abril de 2011

#pequeñosplaceresdelavida (II)

21. Verte en una foto de cuando eras pequeño.
22. Pasear intramuros en silencio.
23. Pan y queso en la cena que no falte.
24. Encontrarte dinero olvidado en los bolsillos de un pantalón.
25. Cubrir los brazos con manga larga en las primeras noches frescas de final de verano.
26. Desponjarte del abrigo con la llegada del buen tiempo.
27.Sentarte por la noche a tomar helado de chocolate blanco hacendado un poco derretido
28. La sensación con la primera inmersión bajo el agua de la piscina.
29. Ver como llueve.
30. Atisbar las luces y la silueta de tu ciudad a lo lejos cuando vuelves de viaje
31. El sonido de los grillos en las noches rasas en el campo.
32. Mirar al cielo estrellado  en las noches sin luna desde la montaña.
33. Pasear por los rincones de la umbría en temporada de lluvias.
34. Cenar a la intemperie.
35. Rascar con las uñas el ribete de las mantas.
36. Explotar burbujas de plástico.
37. El sabor de unas croquetas caseras de carne de cocido.
38. El color del atardecer.
39. El olor de una vela de vainilla consumiéndose.
40. Rebañar el bol de la masa del bizcocho.


lunes, 11 de abril de 2011

#pequeñosplaceresdelavida (I)

 1. Dejar la ventana abierta durante la noche para poder dormir arropada hasta el cuello.
 2. Acostarme con calcetines para quitarlos un segundo después con maniobras contorsionistas de los dedos de los pies.
 3. Quedarme dormida leyendo.
 4. El olor de las sábanas limpias.
 5. Tomarme mi yogurt con cereales después de cenar mientras deambulo tranquilamente por internet.
 6. Ir andando a trabajar en medio de  la nocturnidad  previa al alba.
 7. Abstraerme del mundo escuchando música mientras camino por la calle.
 8. Darlo todo  aprovechando que nadie te ve ni te oye mientas conduces y suena esa canción.
 9. Conducir sin tráfico.
10. Meter la cabeza debajo de la ducha.
11. Emocionarme con canciones venga a cuento o no.
12. Hablar con mis  peluches como si fueran de la familia y te hicieran caso.
13. Ponerme las gafas y descubrir lo nítido que es el mundo.
14. Quitarme las gafas después de horas con ellas y  no ver nada.
15. Relajarme escribiendo cualquier tontería en twitter.
16. Hacer extensibles mis pensamientos transitorios y absurdos en este rincón.
17. Llegar  al viernes a las 21:00 para olvidar preocupaciones en el multiusos.
18. Despertarme de madrugada y descubrir que aún quedan horas por delante de sueño.
19. Contemplar un días gris después de constante sol.
20. Ver erguirse la silueta de la  parte antigua iluminada por la noche desde cualquier punto de la ciudad.


viernes, 8 de abril de 2011

Despegando(te)...

Mi historia de vida se configura a partir de pequeños recuerdos, como la de todos, sí. Buscando entre esos archivos comprimidos me he visto vestida con un chandal azul y blanco con la imagen de Chaplin (¡WTF!), calcetines verdes o blancos y zapatos (ojo con las pintas). Me he visto llegando al campo en el horizon blanco de mi tía con los asientos cubiertos por una manta de rayas en distintos tonos azules, blancos y rojos con terminación en flecos, muy de moda en la época. Veo a mi abuela con su bata de cuadros dándole lascas de choped a Skiper y Bandi (entiéndase que eran canes)mientras éstos saltan como los delfines en cualquier exhibición de acuario. En la jornada campera, y en su correspondiente temporada, no faltaba la visita al huerto. Atabiada con los aperos propios; unas botas catiuscas de obrero en color verde militar que, por lo general, eran un par de números superior al necesitado. Otro must have de la época, no lo dudo. El caso es que engalanada de la mejor forma posible pululaba yo entre habas y altramuces (qué finura, chochitos de toda la vida) a su recogida. Ayudar, ayudar, lo que se dice ayudar, es posible que no ayudara mucho, pero mi compañía tenía un precio inestimable (modo clásico para justificar cualquier clase de ineptitud). Lo más divertido de aquello, además del inigualable placer de rascar como loca las envenenadas caricias de las ortigas, era descubrir bichos a espuertas entre hoja y hoja. Así que aquella actividad que se iniciaba como “vamos a coger habas para hacer un arroz” sólo era una tapadera para dar paso a la clandestina búsqueda de mariquitas, oh sí, entre tanto bicho feo (¡contigo no bicho!) siempre había unas cuantas mariquitas. Que insecto más exótico, qué colorido, qué carisma, qué dulzura. Habiendo encontrado mi tesoro, la subía a mi mano, la enseñaba triunfante al sufridor adulto acompañante y le obligaba a cantar a capella, en un dúo imposible, aquello de “Mariquita de Dios cuéntame los dedos y vete con Dios...” 

Hoy, taitantos años después, mi mariquita ha desplegado sus pequeñas alas nuevamente, las ha agitado y ha elevado el vuelo. Como no podía ser de otra forma ha salido sin hacer ruido, sin despedirse, sin decir adiós. Pero su ausencia, su silencio, ensordece ahora cada mañana y cada noche. Ella ya no acaricia mis dedos, ni hace cosquillas en el dorso de mi mano; vuela libre como siempre le gustó, en busca de la luz del sol, de los colores del arcoiris y con la dirección que el viento le invite a tomar, si necesita coger aliento respostará en cualquier nube, lo sé. De la misma forma que sé que ella sigue ahí, a escasos pasos de distancia, y que este pequeño duelo y esta pequeña tristeza son en sí mismos innecesarios. Sólo espero que lo haya hecho por sí misma y por nada nadie más, en cuyo caso, pese a que sea imposible no echarla de menos y aliviar esta sensación de distancia, seremos muchos los que estemos contentos. Todos aquéllos que gastábamos y gastamos sus sonrisas, sus palabras y su silencios. En el camino que ahora emprendes sólo te deseo lo que tú siempre predicaste: “Despacito y con buena letra”

PD.:"Es lo que hay"

jueves, 7 de abril de 2011

Y si falla el satélite...



Entre el tino y el error se balancea boraz  la duda que en ciertos cruces de vías colapsa el pensamiento. La presión propia imprimida por el carácter incierto, las inquisitorias miradas ajenas (qué suerte que lo  sepan siempre todo) y el miedo al fracaso, a las consecuencias de una negligente elección, dejan paso a una actividad tan arriesgada y delicada  como la construcción de un castillo de naipes frente a la ventana.


Puede que sólo se trate del temor a crecer, al compromiso, a las responsabilidades, al cambio, a la perseverancia requerida,  a la incertidumbre...  pero  por encima de todo el mayor desasosiego no lo produce la derrota por la acción llevada a cabo, sino el vacío por omisión. 

La falta de error no implica acierto necesariamente. Dejarse vencer y abatir por la desidia no evita las heridas, ni borra cicatrices. Es el peaje de vivir,   y  por acción u omisión, con victoria o con derrota; habremos aprendido algo,  habremos llenado un poquito más nuestra mochila de cara a futuros cruces y caminatas errantes.



Y si miramos bien a nuestro al rededor es posible que encontramos avituallamiento en los pequeños placeres de la vida.

lunes, 21 de marzo de 2011

I want to break free



Feliz solsticio, astenia y alergia primaveral.





domingo, 20 de marzo de 2011

La mecánica del cerebro

Hay días en los que inevitablemente uno pierde la fe en aquello que hace, se cuestiona hasta qué punto tiene relevancia para el desarrollo esa intervención. A pesar de ello continuamente tratamos de ser más certeros y lo más eficiente posible, tratamos de dar un poco de luz en medio de tanta penumbra. Por el contrario, otras pequeñas situaciones, posiblemente, no valorables, ni apreciables en términos cuantitativos  nos instan a persistir en el trabajo diario. Un trabajo estigmatizado bajo la apariencia del "entretenimiento" que oculta una constancia orientada en términos neurocientíficos y ocupacionales.

Por este motivo voy a reiterarme en algo que también había comentado en una entrada anterior. Sé que las pocas o muchas personas que os pasáis por aquí ni os va, ni os viene el tema,  pero si en algún momento os aburrís os recomiendo (sí, otra vez) encarecidamente que  le echéis un ratito al video que os pongo, un rartio antes de dormir, por ejemplo :-)

El documental  fue uno de los tres que emitieron hace un par de semanas en "La noche temática" bajo el título de "La mecánica del cerebro" . Si pincháis en la imagen os debe redireccionar al documental "La Plasticidad del cerebro" (Soy así de absurda). Está basado en los estudios  que ha recogido Norman Doidge a través de diversos casos prácticos y de investigación sobre la capacidad de reorganización del cerebro.


Mi recomendación, además de por lo asombroso que me parece cada caso (no me digan que no es una pasada la estimulación  magnética transcraneal) es porque resulta mucho más aplicable de lo que podemos llegar a imaginar. 

El ser humano tiene como cualidad la capacidad de cambiar y progresar en todas nuestras capacidades o ante la ausencia de ellas, ya sean físicas, cognitivas o sociales. ¿Qué es necesario? Querer, ser pacientes y constantes. 

Cada cual tiene sus propias fronteras determinadas por un conjunto de factores muy amplios, pero no son fronteras rígidas, son plásticas y como tal las podemos moldear.  ¿A qué esperamos?

sábado, 19 de marzo de 2011

Donde habita el olvido



Los besos que perdí por no saber decir "te necesito", y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido






domingo, 13 de marzo de 2011

Nuestros sentidos nos engañan (II)

Siguiendo con la demostración empírica de por qué nuestros sentidos nos engañan he aquí un repertorio variado de ilusiones ópticas.

Sin duda alguna, para mí, esta es la ilusión más espectacular. Por más explicación que lea y más que lo mire soy incapaz de apreciarlo de otra forma distinta a "lo que parece". Es conocida como "Ames Room" y se ha utilizado en cine, por ejemplo en El señor de los anillos.


A continuación algunas imágenes  y circunstancias de los más curiosas. Todas ellas son recientes publicaciones del blog de Richard Wiseman que recomiendo a cualquiera. A ver si se os da mejor que a mí y hay más suerte con los Friday Puzzle

Experimento inspirado en la obra de MC Escher, el rey de los teselados parece ser (OMG, el universo conspira y provee)




Algo más clásico, no por ello menos enigmático. Versión lego.





Una prueba fehaciente de la necesidad de ver todo desde distintos puntos de vista antes de juzgar. 




















Y por último algo de lo que ya os había hablado ¿Cómo andamos de flexibilidad perceptiva? A ver que os parece el arbusto, porque... ¿Veis el arbusto, no?

En fin, si después de todo esto os sorprendéis de que vea elefantes en lugar de toros es que no habéis entendido nada.