martes, 12 de abril de 2011

#pequeñosplaceresdelavida (II)

21. Verte en una foto de cuando eras pequeño.
22. Pasear intramuros en silencio.
23. Pan y queso en la cena que no falte.
24. Encontrarte dinero olvidado en los bolsillos de un pantalón.
25. Cubrir los brazos con manga larga en las primeras noches frescas de final de verano.
26. Desponjarte del abrigo con la llegada del buen tiempo.
27.Sentarte por la noche a tomar helado de chocolate blanco hacendado un poco derretido
28. La sensación con la primera inmersión bajo el agua de la piscina.
29. Ver como llueve.
30. Atisbar las luces y la silueta de tu ciudad a lo lejos cuando vuelves de viaje
31. El sonido de los grillos en las noches rasas en el campo.
32. Mirar al cielo estrellado  en las noches sin luna desde la montaña.
33. Pasear por los rincones de la umbría en temporada de lluvias.
34. Cenar a la intemperie.
35. Rascar con las uñas el ribete de las mantas.
36. Explotar burbujas de plástico.
37. El sabor de unas croquetas caseras de carne de cocido.
38. El color del atardecer.
39. El olor de una vela de vainilla consumiéndose.
40. Rebañar el bol de la masa del bizcocho.


lunes, 11 de abril de 2011

#pequeñosplaceresdelavida (I)

 1. Dejar la ventana abierta durante la noche para poder dormir arropada hasta el cuello.
 2. Acostarme con calcetines para quitarlos un segundo después con maniobras contorsionistas de los dedos de los pies.
 3. Quedarme dormida leyendo.
 4. El olor de las sábanas limpias.
 5. Tomarme mi yogurt con cereales después de cenar mientras deambulo tranquilamente por internet.
 6. Ir andando a trabajar en medio de  la nocturnidad  previa al alba.
 7. Abstraerme del mundo escuchando música mientras camino por la calle.
 8. Darlo todo  aprovechando que nadie te ve ni te oye mientas conduces y suena esa canción.
 9. Conducir sin tráfico.
10. Meter la cabeza debajo de la ducha.
11. Emocionarme con canciones venga a cuento o no.
12. Hablar con mis  peluches como si fueran de la familia y te hicieran caso.
13. Ponerme las gafas y descubrir lo nítido que es el mundo.
14. Quitarme las gafas después de horas con ellas y  no ver nada.
15. Relajarme escribiendo cualquier tontería en twitter.
16. Hacer extensibles mis pensamientos transitorios y absurdos en este rincón.
17. Llegar  al viernes a las 21:00 para olvidar preocupaciones en el multiusos.
18. Despertarme de madrugada y descubrir que aún quedan horas por delante de sueño.
19. Contemplar un días gris después de constante sol.
20. Ver erguirse la silueta de la  parte antigua iluminada por la noche desde cualquier punto de la ciudad.


viernes, 8 de abril de 2011

Despegando(te)...

Mi historia de vida se configura a partir de pequeños recuerdos, como la de todos, sí. Buscando entre esos archivos comprimidos me he visto vestida con un chandal azul y blanco con la imagen de Chaplin (¡WTF!), calcetines verdes o blancos y zapatos (ojo con las pintas). Me he visto llegando al campo en el horizon blanco de mi tía con los asientos cubiertos por una manta de rayas en distintos tonos azules, blancos y rojos con terminación en flecos, muy de moda en la época. Veo a mi abuela con su bata de cuadros dándole lascas de choped a Skiper y Bandi (entiéndase que eran canes)mientras éstos saltan como los delfines en cualquier exhibición de acuario. En la jornada campera, y en su correspondiente temporada, no faltaba la visita al huerto. Atabiada con los aperos propios; unas botas catiuscas de obrero en color verde militar que, por lo general, eran un par de números superior al necesitado. Otro must have de la época, no lo dudo. El caso es que engalanada de la mejor forma posible pululaba yo entre habas y altramuces (qué finura, chochitos de toda la vida) a su recogida. Ayudar, ayudar, lo que se dice ayudar, es posible que no ayudara mucho, pero mi compañía tenía un precio inestimable (modo clásico para justificar cualquier clase de ineptitud). Lo más divertido de aquello, además del inigualable placer de rascar como loca las envenenadas caricias de las ortigas, era descubrir bichos a espuertas entre hoja y hoja. Así que aquella actividad que se iniciaba como “vamos a coger habas para hacer un arroz” sólo era una tapadera para dar paso a la clandestina búsqueda de mariquitas, oh sí, entre tanto bicho feo (¡contigo no bicho!) siempre había unas cuantas mariquitas. Que insecto más exótico, qué colorido, qué carisma, qué dulzura. Habiendo encontrado mi tesoro, la subía a mi mano, la enseñaba triunfante al sufridor adulto acompañante y le obligaba a cantar a capella, en un dúo imposible, aquello de “Mariquita de Dios cuéntame los dedos y vete con Dios...” 

Hoy, taitantos años después, mi mariquita ha desplegado sus pequeñas alas nuevamente, las ha agitado y ha elevado el vuelo. Como no podía ser de otra forma ha salido sin hacer ruido, sin despedirse, sin decir adiós. Pero su ausencia, su silencio, ensordece ahora cada mañana y cada noche. Ella ya no acaricia mis dedos, ni hace cosquillas en el dorso de mi mano; vuela libre como siempre le gustó, en busca de la luz del sol, de los colores del arcoiris y con la dirección que el viento le invite a tomar, si necesita coger aliento respostará en cualquier nube, lo sé. De la misma forma que sé que ella sigue ahí, a escasos pasos de distancia, y que este pequeño duelo y esta pequeña tristeza son en sí mismos innecesarios. Sólo espero que lo haya hecho por sí misma y por nada nadie más, en cuyo caso, pese a que sea imposible no echarla de menos y aliviar esta sensación de distancia, seremos muchos los que estemos contentos. Todos aquéllos que gastábamos y gastamos sus sonrisas, sus palabras y su silencios. En el camino que ahora emprendes sólo te deseo lo que tú siempre predicaste: “Despacito y con buena letra”

PD.:"Es lo que hay"

jueves, 7 de abril de 2011

Y si falla el satélite...



Entre el tino y el error se balancea boraz  la duda que en ciertos cruces de vías colapsa el pensamiento. La presión propia imprimida por el carácter incierto, las inquisitorias miradas ajenas (qué suerte que lo  sepan siempre todo) y el miedo al fracaso, a las consecuencias de una negligente elección, dejan paso a una actividad tan arriesgada y delicada  como la construcción de un castillo de naipes frente a la ventana.


Puede que sólo se trate del temor a crecer, al compromiso, a las responsabilidades, al cambio, a la perseverancia requerida,  a la incertidumbre...  pero  por encima de todo el mayor desasosiego no lo produce la derrota por la acción llevada a cabo, sino el vacío por omisión. 

La falta de error no implica acierto necesariamente. Dejarse vencer y abatir por la desidia no evita las heridas, ni borra cicatrices. Es el peaje de vivir,   y  por acción u omisión, con victoria o con derrota; habremos aprendido algo,  habremos llenado un poquito más nuestra mochila de cara a futuros cruces y caminatas errantes.



Y si miramos bien a nuestro al rededor es posible que encontramos avituallamiento en los pequeños placeres de la vida.

lunes, 21 de marzo de 2011

I want to break free



Feliz solsticio, astenia y alergia primaveral.





domingo, 20 de marzo de 2011

La mecánica del cerebro

Hay días en los que inevitablemente uno pierde la fe en aquello que hace, se cuestiona hasta qué punto tiene relevancia para el desarrollo esa intervención. A pesar de ello continuamente tratamos de ser más certeros y lo más eficiente posible, tratamos de dar un poco de luz en medio de tanta penumbra. Por el contrario, otras pequeñas situaciones, posiblemente, no valorables, ni apreciables en términos cuantitativos  nos instan a persistir en el trabajo diario. Un trabajo estigmatizado bajo la apariencia del "entretenimiento" que oculta una constancia orientada en términos neurocientíficos y ocupacionales.

Por este motivo voy a reiterarme en algo que también había comentado en una entrada anterior. Sé que las pocas o muchas personas que os pasáis por aquí ni os va, ni os viene el tema,  pero si en algún momento os aburrís os recomiendo (sí, otra vez) encarecidamente que  le echéis un ratito al video que os pongo, un rartio antes de dormir, por ejemplo :-)

El documental  fue uno de los tres que emitieron hace un par de semanas en "La noche temática" bajo el título de "La mecánica del cerebro" . Si pincháis en la imagen os debe redireccionar al documental "La Plasticidad del cerebro" (Soy así de absurda). Está basado en los estudios  que ha recogido Norman Doidge a través de diversos casos prácticos y de investigación sobre la capacidad de reorganización del cerebro.


Mi recomendación, además de por lo asombroso que me parece cada caso (no me digan que no es una pasada la estimulación  magnética transcraneal) es porque resulta mucho más aplicable de lo que podemos llegar a imaginar. 

El ser humano tiene como cualidad la capacidad de cambiar y progresar en todas nuestras capacidades o ante la ausencia de ellas, ya sean físicas, cognitivas o sociales. ¿Qué es necesario? Querer, ser pacientes y constantes. 

Cada cual tiene sus propias fronteras determinadas por un conjunto de factores muy amplios, pero no son fronteras rígidas, son plásticas y como tal las podemos moldear.  ¿A qué esperamos?

sábado, 19 de marzo de 2011

Donde habita el olvido



Los besos que perdí por no saber decir "te necesito", y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido






domingo, 13 de marzo de 2011

Nuestros sentidos nos engañan (II)

Siguiendo con la demostración empírica de por qué nuestros sentidos nos engañan he aquí un repertorio variado de ilusiones ópticas.

Sin duda alguna, para mí, esta es la ilusión más espectacular. Por más explicación que lea y más que lo mire soy incapaz de apreciarlo de otra forma distinta a "lo que parece". Es conocida como "Ames Room" y se ha utilizado en cine, por ejemplo en El señor de los anillos.


A continuación algunas imágenes  y circunstancias de los más curiosas. Todas ellas son recientes publicaciones del blog de Richard Wiseman que recomiendo a cualquiera. A ver si se os da mejor que a mí y hay más suerte con los Friday Puzzle

Experimento inspirado en la obra de MC Escher, el rey de los teselados parece ser (OMG, el universo conspira y provee)




Algo más clásico, no por ello menos enigmático. Versión lego.





Una prueba fehaciente de la necesidad de ver todo desde distintos puntos de vista antes de juzgar. 




















Y por último algo de lo que ya os había hablado ¿Cómo andamos de flexibilidad perceptiva? A ver que os parece el arbusto, porque... ¿Veis el arbusto, no?

En fin, si después de todo esto os sorprendéis de que vea elefantes en lugar de toros es que no habéis entendido nada.


domingo, 6 de marzo de 2011

Nuestros sentidos nos engañan (I)

Ya deberíamos tener más que claro que nuestros sentidos nos engañan, pero por si todavía hay algún incrédul@ aquí va una nueva entrega documental. A pesar de ello seguro que seguiremos porfíando una y otra vez en ellos.

En este caso se trata de un reportaje muy molonoguero sobre el sentido del oído en el programa tres14, sólo necesito algo menos de 30 minutos de vuestro tiempo. Venga, que merece la pena.

Bueno, mientras averiguo si se puede enlazar de una manera más decente os crearé otra ilusión ópitca xD.


¿Me habéis hecho caso?¿Qué os parece?



jueves, 3 de marzo de 2011

Dicen, el mejor amigo del hombre...

Jamás pensé que  mi conflictiva relación con los animales (perros en este caso) fuera a condicionar en tanta cantidad mi vida. Mi olfato extrasensorial, propio de cualquier sabueso, y mi temor hacia el 90% de ellos no ha facilitado las cosas.  Sólo pedí que se respetara mi forma de ser y si lo he conseguido, ha sido pagando un precio muy alto.  Lejos de lo que se pueda pensar, o de la imagen que puedo representar, no soy una bestia inmunda sin sentimientos, ni corazón. Simplemente forma parte de mí. Desde siempre he sido acción-reacción-inversión, si soy seria y me pides que sonría lo más probable que pase es que  me vuelva aún más, para mayor desgracia soy implícita  y ante las manifestaciones explícitas respondo cual imán repeliendo a su polo par. Trabajamos en ello, pero necesito un poco de tolerancia, una mano amiga.

Hay quien piensa, por ejemplo,  que yo de mayor (entiéndase por mayor ese glorioso momento en que uno tiene su hipoteca, digo su casa, y toma sus decisiones) no tendría un perro. Aunque la lógica es aplastante, la realidad es muy dispar; es tan sencillo como que si me apetece lo tendré y si no, pues no. No hay más. 

Tras estas  palabras, erráticas una vez más, sólo añadir que todos sentimos la trágica pérdida de Jacobo Niebla de todos los Santos, ese perro tan vago que sólo se comía las galletas que le ponías en la pezuña porque levantarlas del suelo era un sobre esfuerzo, que compartió protagonismo en las felicitaciones navideñas, que era capaz de machar la cascara de una almendra con los dientes y sentirse ofendido porque le tiraras un poquito de agua.