viernes, 31 de diciembre de 2010

Life is what happens to you while you're busy making other plans


¿Ya tenéis puestos los deberes para el año nuevo?


Yo os deseo felicidad y por su puesto, que creáis en vosotros mismos ¿Quién lo hará si no?







viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad




"Out of a forest".


Así de simple. Así de difícil.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sucede que a veces...

Sucede que a veces no me gusta quién soy
Sucede que a veces no sé quién soy
Sucede que a veces no me dejo ser
Sucede que a veces olvido todo
Sucede que a veces recuerdo todo
Sucede que a veces no te perdono
Sucede que a veces no me perdono
Sucede que a veces no tengo respuestas
Sucede que a veces no veo el camino
Sucede que a veces me dejo perder
Sucede que a veces me escondo
Sucede que a veces... sucede

Y aún así, cada día sucede un poquito menos; porque también sucede que a veces tengo un pacto con mi vida: la vida



Sucederá mientras pueda suceder.

jueves, 4 de noviembre de 2010

XXV

Si me lo permitís...



Sale el movimiento de la imprecisión
una melodía que se me escapó
esa flor de un día que se marchita
así me siento hoy.


Fue soplar las velas y en ese apagón
vi pasar mi vida y aunque me gustó
deja que te pida si tu me permites
contigo me voy...


Ahora me voy a dejar llevar
voy a callarme y escuchar
prometo que esta vez
voy a confiar en ti.


He peleado mucho y ya me cansé
tanto sufrimiento para llegar a qué
ahora el nuevo día parece decirme
déjate llevar.


Ahora me voy a dejar llevar
voy a callarme y escuchar
prometo que esta vez
voy a confiar en ti.


Sueño con las luces de hogares llenos
un murmullo lejano que me es ajeno
cúbreme de besos, abrázame fuerte 
y déjate llevar.

Y es que...

me voy a dejar llevar
voy a callarme y escuhar
prometo que esta vez
voy a confiar en ti.


M-Clan
"Me voy a dejar llevar"


lunes, 1 de noviembre de 2010

Noviembre Dulce.

Enamorada confesa del otoño. De sus tardes grises ninguneadas por la crítica popular. Del tímido sol que brota, por fin humilde, entre las nubes iluminando ténuemente la faz del campo que revive, brota y reluce agradecido ante  la llegada de las primeras y escasas lluvias estacionales. Fascinante mezcla de colores cobrizos envueltos en un halo de imponente misterio salpicados por un suave manto verde. Y aún mejor, embriagador olor a lluvia aderezado con  pequeñas gotas del aroma  de algún fuego prendido para dar calor al cuerpo y al corazón. 

Oh, querido Noviembre; tan desapercibido, oculto, frágil y extraño como siempre. Asumiendo ese papel tan incómodo que el destino te hizo representar; epílogo de las luminosas tardes y  prólogo al festivo invierno. Sólo quién busca y hurga en ti es capaz de saborear la hermosura de  tus melancólicos días y la música oculta en la caída de cada hoja.

Querido Noviembre, que bueno que viniste un año más.

Who can say
where the road goes
where the day flows


domingo, 17 de octubre de 2010

Cuestión de pelotas

Ayer por casualidad me topé con este reportaje en Documentos TV, no tengo nada más que añadir pues ya sé que me repito mucho y está todo bien claro.

Un desgraciado día le dije a una persona: 

"Si algún día tienes una hija y por cualquier circunstancia un tarde  llega llorando a casa de impotencia porque alguien se cree  con el derecho de negarle algo por el mero hecho de ser mujer, algo tan básico a lo que cualquier niño tiene acceso... entonces, ese día, quizá me entiendas. Ojalá, no sea así y de aquí a ese futuro todo haya cambiado"


Ocho años después lo sigo manteniendo y se lo diría a mucha gente.



Vean el documental:
http://www.rtve.es/alacarta/la2/ultimos/index.html#904445



Por cierto, existe una curiosa  diferencia en la forma de hablar y percibir las cosas de los que hablan con una bandera española al fondo y bien uniformados con respecto a  los que están a pie de campo.  

miércoles, 8 de septiembre de 2010

8 de Septiembre

Un año más, Feliz Día de Extremadura a todos.  


La canción es "Ojalá" de Tam Tam Go!


Así empieza un nuevo día
mojándome a pleno sol
Así empieza una canción 
Rescatada del olvido

y... 
OJALÁ estuvieras aquí
para poder empezar de cero
OJALÁ estuvieras aquí
para crear un mundo entero
OJALÁ estuvieras aquí
para dibujarte hoy con mis dedos
OJALÁ estuvieras aquí
para sentir otra vez tu deseo
OJALÁ estuvieras aquí
para borrar de mi cabeza el miedo
OJALÁ pudieras volver
decirte que hoy ya no se acaba el tiempo
OJALÁ estuvieras aquí
para partirnos una vez más el pecho
OJALÁ pudieras sentir
que estoy contigo allí 
y allí no hay bien

Así acabará este día
empapado en tus olores
Así acaba esta canción
para un as de corazón 

OJALÁ estuvieras aquí
para empezar otra vez de cero[...]

martes, 31 de agosto de 2010

Amberville

TEDDY OSO

lunes, 30 de agosto de 2010

jueves, 19 de agosto de 2010

Aprende con... Fabulario

Ahora que estoy de vacaciones he visto algún ratillo más la tele, pero sigo fiel a mi querido Canal Extremadura. Después de mucho tiempo sin verlos me he reencontrado con estos simpáticos garrovillanos y su Fabulario. Nos narran cuentos/rumores, pero a su estilo, a mí me resultan muy graciosos. El último que vi es este que les dejo a continuación, ¿saben qué cuento es?
Se trata del cuento "El traje nuevo del Emperador" que pertenece a la extensa obra de Hans Christian Andersen. No dejen de leerlo.
"Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.

No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.

La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».

-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.

-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.

Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.

-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola"